Monthly Archives abril 2018

Entrevista a Mario Siperman, tecladista de Los Fabulosos Cadillacs

Entrevista a Mario Siperman, tecladista de Los Fabulosos Cadillacs


Fue parte de ese proyecto mítico de música tecno llamado Los Encargados en el año 1982 con Daniel Melero. Luego fundó junto a Flavio Cianciarulo, Los Fabulosos Cadillacs, que vendieron millones de discos y tocaron en todo el mundo, incluso en el Madison Square Garden. En la actualidad, se reparte su trabajo con los Cadillacs y en su estudio boutique llamado El Loto Azul. Actualmente trabaja con Leo García, Benito Cerati, Sergio Rotman, Cecilia Baraz, Gigio González y la lista sigue. Sus sintetizadores y equipos merecen un capítulo aparte. En esta nota, Mario Siperman nos cuenta su vida con los Cadillacs, sus influencias, teclados y anécdotas de estudio de grabación.
Además, Los Fabulosos Cadillacs se presentan este 7 de abril en el Luna Park cerrando el gran éxito mundial de su disco “La Salvación de Solo y Juan”. De los Cadillacs y su música dice: “Siempre hubo una inquietud de no quedarse y de investigar, cambiar y probar”.

Se presentaron hace un año en el Madison Square Garden con entradas agotadas. ¿Qué sensaciones tuviste al estar el tan mítico lugar?

Hay ciertos lugares que tienen una mística y tienen que ver con lo emotivo. Todo lo que te pasa en la cabeza en ese momento. Me acordaba cuando era chico que le pedía a mi viejo que me acompañe para ver “The song remains the same” de Zeppelin porque solo no me dejaban entrar porque era prohibida para menores de 18 años. O el “Concierto de Bangladesh” de George Harrison. Te vienen esas imágenes muy fuertes. Cuando tocamos diez años antes en Fillmore West nos pasó parecido. Es un lugar que tiene más rock. En los camarines había posters de Hendrix o Los Who. Te da como una energía extra esos lugares. En este momento no estamos haciendo muchos shows por año. El anterior hicimos en total algo así como 20 presentaciones. Entonces cada show tiene como su impronta personal. El show en el Madison se grabó en audio y video. El disco se mezcló en Panda con Walter Chacón. Se corrigió casi nada porque suena muy bien, por eso decidimos no retocar nada. La grabación en vivo la hizo Mario Breuer.

Toda la trayectoria musical de los Cadillacs fue un cambio constante. ¿Eso se buscó?

No se si se propuso. Siempre hubo una inquietud de no quedarse y de investigar, cambiar y probar. Es parte del adn del grupo. En un momento teníamos la etiqueta como de música ska después fue de música latina. Pero siempre fue una especie de mix extraño. Hay como una premisa de no cerrarse a una cosa en especial, en un estilo determinado. Vicentico y Flavio tienen la batuta en eso y son muy abiertos a cambiar y probar cosas.

Tengo la impresión de que en estos últimos 10 años aproximadamente dejaron de buscar el hit para dedicarse a una búsqueda musical más conceptual. Que el mensaje sea el disco completo, no solo una canción. ¿Es así?

Si puede ser. También somos un poquito contreras. De ir un poco en contra de la corriente en el sentido de que ahora como que el disco en formato físico esta desapareciendo y que la gente a traves de las aplicaciones por celular se concentran en las canciones como en la década del 50 con los singles y nosotros hicimos un disco que es todo lo contrario. La idea de “La Salvación de Solo y Juan” propone que lo escuches entero en lugar de escuchar una canción. La idea fue, pará un poquito, sentate en el sillón de tu casa, tomate un tiempo y escuchalo tranquilo. Metete dentro de la historia del disco. También eso es la esencia del rock, ir en contra de la corriente, de la moda.

Mario con su Therevox, hecho a mano en Canadá. Un joya sonora.

 

Primero tiene que gustarle al músico la música que hace. El músico no trabaja según lo que pida la gente o la crítica. ¿Coincidís esta línea de pensamiento?

Si estas dentro del espíritu del rock es asi. Si un disco vende más o menos, no importa si hiciste algo honesto.

¿Cómo comenzó el proyecto de tu estudio personal El Loto Azul?

Lo comencé hace más o menos quince años. En los Cadillacs todos hacemos cosas en paralelo, poder tener la libertad de hacer cosas distintas. Siempre me gustó hacer cosas solo pero buscando pequeñas sociedad con distintas personas. Tener un estudio te permite armar mini sociedades satélites donde te podes nutrir de muchas cosas. Actualmente estoy trabajando con Gígio González, Sergio Rotman en plan más tecno ochentas, el otro es con Leo García y Benito Cerati. Siempre me llaman y surgen proyectos. Un trabajo muy lindo que hicimos con varios músicos fue “Canciones urgentes para mi tierra”, que esta armado por Ramiro Lezcano que dirige coros de chicos en colegios rurales en el cual particparon Juanse, Fabiana Cantilo, Piero, Pablo Milanes, Pollo Raffo, y muchos más. Es un proyecto referente a los problemas ambientales. Muy interesante haber sido parte.

¿Cómo te iniciaste en la música?

El primo de mi mama es Daniel Barenboim. Pero no heredé ni el diez porciento de sus dedos. ¡Ja ja!
En el año 1978, fuimos con mi familia a París en la época de la plata dulce. Ahí nos encontramos con él. Charlamos y nos dejó unas entradas para un palco en La Salle Pleyel (es una sala de conciertos sinfónicos situada en la calle Faubourg Saint-Honoré del VIII distrito de París reinaugurada en 1927). Imaginate, turistas argentinos en el invierno parisino con borceguíes, jeans, campera pochoclo inflable, gorro con pompón de Bariloche en ese lugar. Justo delante mio hay un desubicado con un tapado de piel gigante que no me dejaba ver. Y cuando se da vuelta es Yehudi Menuhin. Estaba en el mismo palco que nos había invitado Barenboim. Del otro lado estaba Zubin Metha. Estábamos rodeados de la crema musical muy alta. Después fuimos al camarín todos zaparrastrosos y transpirados de haber caminado todo el día por París a saludarlo y la gente que había eran todos monstruos de la música clásica.
Pero la influencia grande para tocar fue un amigo hippie de mi papá. Tenía unos discos increíbles en la casa. Billy Bond y la Pesada, Hendrix y The Who. Todo lo que empecé a escuchar de rock lo escuché en esa casa.
Tuve una prima profesora de música que cuando se fue a vivir a Brasil me dejó su piano vertical. Ahí empece a tocar. En otro viaje familiar a Nueva York fui a ver a Weather Report. Lo convencí a mi viejo para que me lleve a verlos. En el año 1978 Nueva York era heavy, no fashion como ahora. Los Weather hicieron el mismo show del disco que editaron despues llamado 8:30. Estaban Jaco Pastorious, Wayne Shorter y Josef Zawinul. Imaginate mi cara. Después del show aluciné con los sonidos de Zawinul. Entonces le quemé la cabeza a mi viejo y para mi cumpleaños me compró un Yamaha CS15 monofónico increíble. Ahí empece a tocar.

¿Cómo lo conocés a Daniel Melero?

Yo fui al colegio Nacional Buenos Aires. Tenía un compañero de colegio que era Hugo Foigelman, que era miembro de Los Encargados. Iba al conservatorio y tocaba música clásica, era un animal tocando. Vivía en Caballito. Los viejos querían que sea concertista y le compraron un piano Steinway media cola. Pero el piano era más grande que su habitación. Entonces, dormía en un colchón abajo del piano y tocaba música clásica todo el día. Pero le tocó hacer el servicio militar y un poco le cortó su carrera de pianista. En esa época existía una disquería por Avenida Rivadavia y Acoyte que se llamaba Tower Records, el cual le habían robado el nombre a la disquería norteamericana. Me parece que ellos se conocieron en ese lugar escuchando Brian Eno y Kraftwerk. Como él tocaba con Melero y ahora no podía porque estaba haciendo el servicio militar, me recomendó. Yo me iba en el colectivo 92 de Palermo a Flores a la casa de Melero, que tenía una pizzeria en la planta baja.

¿Te acordás de los equipos que usaba Melero en esa época?

Yo no sabía quien era Daniel. El no tenía estudio de grabación, sino que era un ph al fondo. Ahí grabamos los dos discos que nunca se publicaron. Había muchos sintes, teclados y dos grabadores Revox de dos canales y se grababa volcando de un grabador a otro como se hacia en los 60. El tema es que Dani es muy fan de Robert Fripp. Y con esos Revox hacia lo mismo de Fripp o sea los Frippertronics. El ejemplo son los discos “No pussyfooting” y “Evening star”, ambos con la firma Fripp- Eno. Ponía los dos Revox haciendo feedback, logrando un eco entre los dos y al mismo tiempo los separaba mucho, entonces salían unos delays muy largos que en esa época no se podían hacer con nada. Se ensayaba y se grababa más o menos a la par. Yo usaba mi sinte Yamaha CS15 pero Daniel tenia un Fender Rodhes, un ensamble de cuerdas Yamaha CS30 y un Minimoog. Estuve con los encargados del 1982 hasta 1983 o 1984 aproximadamente. Cuando se editó “Silencio” en cd con los bonus tracks, yo toco en esos bonus. Los dos discos no editados de Los Encargados los tengo yo en un cassette de cromo bastante buenos, además de hacer back up en la computadora.

Antes de formar los Cadillacs 57, algunos me veían tocar con Los Encargados. Había una amistad tipo de colegio, además de tener edades similares. Salíamos más de noche y eramos más amigos. Se dio que justo en ese momento, volvió del servicio militar Hugo Foigelman para unirse a Los Encargados y grabar “Silencio”.
En aquel momento no escuchábamos a The Specials o Madness. No los conocíamos. Nos gustaba el rockabilly y los Stray Cats. Por eso nos llamábamos Cadillacs 57. Después si conocimos el estilo ska.

¿Qué recordás de los primeros tres discos con Los Fabulosos Cadillacs?

Una época muy divertida tipo secundaria. Tocabamos muchísimo en todos lados. El primer disco lo produjo Daniel Melingo, el segundo Andrés Calamaro y en el tercero pensamos meter otras influencias además del ska. Luciano tenia info de rap y scratch y volcó esa música en el disco. Hay un scratch en “Conversación nocturna”. Era un disc jockey que pasaba música enganchada, o sea, no era un DJ del Bronx haciendo scratching, pero fuimos uno de los primeros en usar ese efecto en un disco. Fué la apertura a otros sonidos y estilos. El titulo del disco “El Ritmo Mundial” que cumple 30 años, era una pauta de lo que estabamos haciendo.

Daniel Melingo fue el productor del primer disco de los Cadillacs.

Si. Se había ido a vivir a España por un tiempo y volvió muy acelerado. El primer disco lo grabamos en el estudio Moebio en horarios de trasnoche. Y Daniel venia muy loco al estudio. A veces no venía y producía el disco por teléfono. Imaginate eso con los teléfonos de aquella época. Pero es un genio musical. Aporto muchísimo al disco. Era muy divertido también.

Cuando hicieron “Bares y Fondas” en 1986, el ska no existia en nuestro país.

Si es verdad, pero Melingo tenia info de ska de afuera. Sabía de todo. Yo usaba un un sintetizador Korg Poly 800 con sonido de órgano. Lejos estaba del sonido de un órgano, obviamente. Pero es lo que habia en ese momento. Pasaron muchas cosas locas en ese disco. Por ejemplo en algunos temas quedó grabado el efecto de cámara del teclado, pero sin el teclado. Quedó el envío abierto de la cámara, pero muteado el canal del teclado. Es un sonido espacial tipo deforme. Pero quedó muy bien. Otros sonidos son del Casiotone, o sea muy precario. Hubo también unos samplers de brasses bastante feos. Un dia vino Andrés Calamaro con un teclado sampler Ensoniq modelo Mirage de 8 bits, que venia con la disquetera de 3.5 con un sample rate de 32 khz limitado a 128 de ram. Hoy es obsoleto, pero en aquella época era la NASA, además de barato, porque el Emulator era muy caro. Y los samplers de trompetas son de ese teclado. La salidas nocturas de Andrés en aquellos tiempos era pasearse en los estudios de grabación y grabar o charlar. Estaba buenisimo, pero a veces te quedabas charlando toda la sesión y no grababas nada. Je! Es un músico con mucho talento. Vivimos tantas cosas todos juntos que habría que escribir varios libros.

Leer más >